miércoles, 5 de marzo de 2014

Sexo el Lima York (9)

Una noche de copas, una noche loca… Que calor que hacia esa noche, enero había entrado con fuerza y no tenía ganas de estar en casa, sentía un agobio terrible, los mismos programas de televisión, martes, silencio en la calle, llegó un momento en que me sentí como un gato enjaulado sin un ratón para jugar. Mi cabeza era un torbellino de insatisfacción y no encontré a nadie conectado para proponerle dar un paseo o cenar algo por ahí… De un momento a otro decidí salir, yo sabía que si me iba por cierta calle de Lima encontraría algún tipo de diversión, no debía arriesgar mucho, así que deje el teléfono, el reloj, la billetera y metí un par de billetes en el bolsillo. Cuarenta minutos después estaba llegando al centro de Lima, creo que eran ya las ocho de la noche, fui directamente al centro comercial, muchas conversaciones y oídas en los bares me habían puesto en la alerta que en ese sitio podía encontrar algo de diversión anónima y rápida. No sabía cómo ni donde comenzar, así que di un par de vueltas por el centro comercial, mucha gente, muchos chicos, poca ropa y miradas provocadoras, pero nada directo, nada que me de pie a tentar a la suerte, me tomé una botella de agua, y di una vuelta mas, nada, ya creí que no debería haber salido esa noche, era mejor volver a casa y ponerme a trabajar, tenía mucho que escribir esa noche, así que aún mas aburrido, puse rumbo al paradero de autos a mi barrio, pero la botella de agua me advirtió que debía pasar por los servicios antes, busqué el mas cercano y entré al baño del centro comercial. Increíble, de ocho urinarios no había ni uno vacío, y los reservados también estaban ocupados, a esperar para que alguno se desocupe, mientras mi pobre vejiga estaba reventando. Por fin, uno de los urinarios se desocupó y un abuelito con una mirada morbosa pasó a mi lado relamiéndose del gusto, no me llevó mas de un segundo darme cuenta que en ese baño orinar era sólo la justificación de estar siempre lleno. Mi necesidad fisiológica era mas grande que mi resistencia a mostrar mi pajarito frente a los demás, así que con decisión me puse frente a un urinario y descargué toda el agua acumulada. Uf, realmente era mucho orinar, pero no podía parar, debía terminar para estar en paz y poder volver a casa, pero en una fracción de segundo miré a mi lado y lo vi, era un pata realmente atractivo, no debía tener mas de 28 años y medir alrededor del metro setenta y cinco; y una mirada que me atrajo instantáneamente… pero él no me miraba a mi, miraba hacia abajo, miraba el chorro de pis que salía con fuerza, y miraba de dónde salía el chorro de pis, y finalmente, alzó la mirada y sus ojos marrones se clavaron en los míos, quedé embobado mientras una sonrisa pícara se dibujaba en su rostro y me decía: “hola”. - hola – respondí - Me llamo Alex, te daría la mano pero… - Ya veo que esta algo ocupada – dije. - Es temprano y no tengo ganas de ir a casa, ¿damos una vuelta? - Claro – le dije - ¿dónde quieres ir? - Afuera te digo, hay gente esperando. Miré hacia atrás y vi unas cuantas personas esperando para miccionar o para ver si tenían suerte y alguien les quedaba mirando el pajarito (como a mi) y con un poco de apuro, salí de mi urinario y me dirigí a lavarme las manos, cuidando que Alex venia detrás mío (y así fue). Nos lavamos las manos compartiendo el surtidor de jabón y mirándonos fijamente a los ojos, realmente estaba siendo una experiencia excitante y yo iba a perdérmela por volver pronto a casa. Salimos del centro comercial, yo sin rumbo y Alex ejerciendo de guía, le seguí por las calles de Lima central y entramos por una callejuela que mas parecía un pasaje, casi oscuro, con unas miradas de lascivia muy marcadas, llegamos a una viaja casona de paredes verdes y puertas metálicas, llamó al timbre y un zumbido indico que podíamos pasar. Una sala amplia con un decorado cutre, sillas de metal y mimbre, suelos de loza y un penetrante olor de desinfectante barato, en un mostrador nos pidieron los DNI y obviamente yo ya sabía donde estaba, en famoso Paraíso, el cuartel de amor de los adolescentes sin dinero y de los amantes ocasionales como nosotros, Alex pagó los 20 soles que nos pidieron en la recepción y nos dieron una llave, con un llavero verde mas grande que un control remoto, doscientos once decía el llavero, y siguiendo las flechas subimos sin decirnos nada a la habitación señalada. Era una cama enorme, un colchón de plástico, de espuma gastada por el uso y unas sabanas blancas super gastadas por las constantes lavadas, para mi sorpresa, la cama era de cemento, y sobre el cemento, el colchón, imagino que para no gastar en reponer los catres rotos por el uso. Alex me sonrió y en ese momento dejé de pensar en lo feo del lugar y me concentré en su sonrisa, en sus labios, en su pelo recortado, esos ojos marrones que decían tanto. Su cuerpo se pegó al mío y comenzamos a besarnos, a pesar de no ser tan joven, sus besos aún tenían ese gustito a la desesperación del inexperto, sus manos acariciaban mi espalda y mi pecho, mientras yo jugaba con el corto pelo de su nuca, tratando de ser mas controlado y de llevarlo por el camino mas placentero; en pocos minutos nos encontrábamos completamente desnudos y nos dejamos caer en esa cama de cemento, donde piel a piel dimos rienda suelta a nuestra imaginación, piel a piel dejamos que nuestros instintos hablen, mis labios recorrieron cada rincon de su cuerpo y cada momento se me hizo increíble. Sentí como sus manos aprendieron el camino del placer, como hacía que rompa en pedazos para volver a ser uno solo. No sé cuanto tiempo estuvimos así, al principio en una guerra de dominación, para terminar en un tierno abrazo de amantes, y nuevamente comenzar para no dejar ni un rincon de su cuerpo ni el mío sin acariciar… Después de unas horas, y una ducha reparadora, salimos a la calle para regresar cada uno a su hogar, le dije que le llamaría si me daba su número y así lo hizo, con un apretón de manos y mirándonos fijamente a los ojos nos dijimos “hasta otro día” “hablamos”, “te llamaré”. Al llegar a casa, busque mi celular, saqué el palelillo que me había dado y marqué, esperé un par de minutos hasta que la terrible voz de la compañía de teléfonos me dijo: “el número que usted a marcado no existe, por favor, verifique el número y marque otra vez…”

martes, 26 de noviembre de 2013

Sexo en Lima York (8)

Un viaje memorable… A la mañana siguiente de la exposición, tuve que sentarme a poner en orden todos los acontecimientos del fin de semana, había conocido mucha gente interesante y es más, había decidido que escribiría sobre el Cosmos, ese bar donde nos encontrábamos con frecuencia con los chicos y que había podido comprobar, era paso casi inminente de la población gay de Lima. “ un lugar simpático, con lindas vistas a la histórica plaza San Martín, donde los comensales pueden beber unas cervezas, unos piscos o unos preparados espectaculares del barman; el Cosmos ofrece y promete ser el punto de encuentro para los mas atrevidos de Lima… Así comenzaba mi crítica de esa semana, me había gustado mucho que Héctor tuviera esos detalles con mi amigo Javi, definitivamente era un buen muchacho y, lo mejor, estaba bastante guapo. Aún así, para mi columna necesitaba mas información, así que decidí llamar al Cosmos, para pedir una entrevista formal con el dueño del local, esta vez no le di mi nombre, si no el nombre de la revista electrónica donde publico mis artículos, y claro, surtió el efecto que esperaba, inmediatamente me pasaron con Héctor, quien no me reconoció y me dijo que si yo quería, podía acercarme en cualquier momento al bar; así lo hice y le prometí que pasaría esa tarde, aprovechando que era lunes, para poder charlar con paciencia. Esta vez fue mas fácil llegar al centro de Lima, la tarde es mas tranquila en las carreteras, así que no me costo mucho encontrar un auto que me lleve (odio conducir en Lima) y ahí estaba, eran las cinco y media de la tarde y entraba al Cosmos, claro está Héctor no sabía que yo era quien le haría la entrevista, así que me acerqué a saludarlo - Hola – dije - ¿Cómo va todo? - Hola – respondió – bien, ¿tú cómo estás? - Oye, ¿tienes un momento para charlar? – le dije. - ¡Pucha!, justo ahora estoy esperando al columnista de esa página de Internet que vendrá a hacerme una entrevista – me dijo. - ¡Claro! Precisamente por eso te pido unos minutos, yo soy quien debe entrevistarte. - ¡No lo puedo creer! Tú vienes acá a cada rato, sabes todo lo que hay que saber de este sitio – dijo. - Pero me gustaría saber mas cosas, cosas de ti, por ejemplo – dije – nunca supe que eras el dueño por ejemplo, hasta hace poco. - ¿Y cómo te enteraste? – dijo sorprendido. No pude evitar sonreír por la cara de extrañado que se le puso, creo que Héctor es uno de los muchachos mas tímidos que he conocido, y decidí que variaría la intención de mi entrevista, creí que sería mas interesante para los lectores saber que existen aún chicos trabajadores, tímidos y guapos en una ciudad tan caótica como Lima. - Cuéntame – le dije – ¿hace cuanto comenzaste con el Cosmos? - Bueno – su mirada se fijó en el vacío – todo comenzó en el 98, cuando aun era un chibolo con poca plata y muchos sueños, por las mañanas estudiaba administración de empresas y por las tardes iba a hacer cualquier cosa que me deje un par de soles, y claro, por las noches tenía que vivir como uno de mi edad, salir a tomar una copa, a dar un paseo, a cenar…. Hasta que una de esas noches, conocí a un mulato bellísimo, de esos que te hacen suspirar con cada mirada, pronto nos hicimos pareja y éramos felices, hasta que bueno, mi ambición me llevó a emigrar y en menos de un año ya estaba haciendo las maletas rumbo a Estados Unidos, y antes de irme decidimos que cuando regrese o él se vaya conmigo, trabajaríamos juntos en un local donde podamos pasarlo bien con nuestros amigos. - Linda historia Héctor, cuéntame, ¿qué fue de este muchacho? ¿sigue en este local? - No, hace tiempo que nos dejamos de ver, tardé demasiado fuera del Perú y se canso de esperarme, pero es un lindo recuerdo, y gracias a él, seguí con el plan de abrir este local, así que cuando regrese de Estados Unidos, use todos mis ahorros para alquilar esta esquina, en esa época, el centro de Lima era bastante feo y nadie quería hacer anda, así que yo aposté por Lima y salió como lo ves ahora, con sus problemas y sus alegrías. - ¿Y nunca se volvieron a ver? - Bueno, al año de irme logré volver e hicimos un viaje, un lindo y corto viaje al norte del Perú, en realidad yo me adelante un día y él viajaría esa noche, a Trujillo, ay no sabes lo mal que me lo hizo pasar esa noche - ¿Y eso por que? - ¡Ja! – te contaré todo si me aceptas una cerveza, o lo que tu quieras beber. - Bueno, beberé un gin tonic, por favor Mientras un guapo camarero nos ponía las bebidas, pasamos a una mesa cercana a la esquina de la plaza, y mientras veíamos pasar a los turistas, Héctor comenzó a contarme: “Esa noche llegué a Trujillo a eso de las diez de la noche, nunca había ido a ese sitio, habíamos hecho las reservas en el hotel Presidencial de Trujillo, así que después de bajar del autobús, cogí un taxi que me dejó en la puerta del hotel, fue fácil, di mi nombre y ya tenia una habitación preparada, no olvide recordarle a los chicos de la recepción que a eso de las 2 de la mañana llegaría mi compañero en el siguiente bus. No tengo que decirte que las miradas de picardía acudieron automáticamente a los ojos de los recepcionistas del hotel, que parecían ya estar acostumbrados a este tipo de instrucciones. Realmente estaba agotado por el viaje así que pase al restaurante del hotel y comí un sándwich y una gaseosa, tras lo que me fui a descansar y antes de eso, preparar una recepción digna de mi chico. Lamentablemente, el viaje fue demasiado cansado, así que en la espera me quedé dormido, y cuando desperté, eran las 3 de la mañana y no había noticias de mi chico, Bajé rápidamente a la recepción del hotel para saber si había noticias de mi compañero y los chicos del hotel me dijeron que no sabían nada, no tengo que decirte que ese año, aun no teníamos la tecnología de hoy y los celulares no existían, así que no tenia forma de comunicarme con él. Decidí que saldría a la estación de autobuses para preguntar por su autobús, pero los chicos de la recepción me dijeron que ni se me ocurra salir, que andar por ahí de noche en esa ciudad no era una buena idea, llamaron a la agencia (muy agradables los muchachos) y les di el dato del horario del bus, en la agencia dijeron que el bus había salido y llegado a su hora a Trujillo, esa noticia como comprenderás me angustió muchísimo mas, estaba totalmente desesperado, no sabia que hacer, en ese momento creí que lo mas acertado sería llamar a su casa para preguntarle a su madre por él, pero, de nuevo los chicos del hotel, me dijeron que eso solo alteraría mas a su madre, y tenían razón, ya eran casi las cuatro de la mañana, así que lo mejor era esperar a la mañana para ver que había pasado. Comprenderás que yo estaba desesperado, no sabia que hacer, decidí regresar a la habitación a esperar la llegada de la mañana, pero no lograba relajarme, iban ya a dar las cinco de la mañana y sentado en la cama la preocupación me hizo dar una cabeceada, fue en ese momento en que unos pasos apurados fuera de la habitación me despertaron y unos golpes firmes y seguidos en la puerta me hicieron ponerme de pie, fui a abrir la puerta y era el morenito de la recepción, con una sonrisota diciéndome que me buscan en la recepción, así que sin pensarlo dos veces baje a la entrada y ahí estaba él, con su chaqueta negra, su pelo desordenado y su mochila en el suelo, con osos ojos que me decían que no me preocupe, que ya había llegado. Me lancé a sus brazos, en ese momento olvidé que los chicos de la recepción estaban ahí y le planté un besazo enorme, en ese momento, me di cuenta de lo que estaba haciendo y él también, pero no fue importante, simplemente me correspondió el beso y me abrazo con fuerza para hacerme sentir que ya había llegado y que todo estaba bien. Esos abrazos siempre me daban fortaleza, él sabía como abrazarme para hacerme sentir protegido y seguro, pero otra parte de mi me hizo pensar que estábamos dando un espectáculo delante de los chicos de la recepción, así que con la emoción del momento y algo avergonzado lo fui guiando a la habitación, donde ya no tuve necesidad de contenerme y demostrarle lo mucho que lo quería y lo preocupado que estaba. Me contó que un problema de último minuto en su trabajo hizo que pierda el bus y que tuvo que usar un auto que hacia el servicio de Lima Trujillo y que espero mas de dos horas a que se llene y llegar a esa hora a Trujillo. ¡Ay! Que hermosa noche, a pesar de la preocupación y de la rabia, fue la mejor noche, o mejor dicho, el mejor amanecer que pasamos juntos, piel con piel, risas y suspiros de alivio y mucho, mucho amor.” La historia de Héctor me hizo pensar en que había tenido una experiencia tan intensa como la mía con Virginio del Campo, y sentí una intensa simpatía por ese muchacho, con esa mirada de ambición que también supe reconocer en el Virginio de una época similar. También me contó lo que hicieron en esos tres días en Trujillo, los paseos y las fotos, las escapadas a los bares y discotecas y también partes de las noches apasionadas que pasaron en el hotel, bajo la mirada cómplice y divertida de los chicos de la recepción. - vaya – le dije – que historia mas tierna. - No sabes cuanto me dolió perderlo, fue culpa mía pero un día de pronto tuve noticias de él, había vuelto a la ciudad y sólo nos dio tiempo a explicarnos las cosas y terminar siendo buenos amigos, ahora nos escribimos de vez en cuando y siempre prometemos visitarnos, pero ya con el bar y con todo esto, nunca me doy tiempo de ir a Tampa a visitarlo. Nunca escribí de esta historia en mi columna, pero desde ese día pienso en Héctor como un muchacho diferente, con mucho futuro por delante, esa misma tarde me pidió una forma de contactar con mi amigo Javier, y algo se me esta ocurriendo para poder unirlos, eso es cosa de otra historia.

jueves, 26 de enero de 2012

Sexo en Lima York (7)

Sorpresas de una noche en Lima

Cuando decidimos que ya era tarde y dejar la exposición, teníamos la secreta intención de darnos una vuelta por algún bar cercano, Juan insistía en ir al 80Divas, donde había conseguido uno de sus últimos ligues, Javier por su parte no quería salir hasta muy tarde y yo, bueno a mi me daba lo mismo ir a cualquier lugar, aprovecharía la ocasión para tomar nota de algún detalle del local y publicarlo en mi columna semanal.

Salimos de la sala de exposiciones hasta la plaza mayor de Lima, eran aproximadamente las once de la noche y el viento del oeste traía olor a mar, muy extraño por que el mar esta relativamente lejos de nuestra plaza de armas. Decidimos que lo mas sabio sería dar una vuelta por el jardín de las Flores, para ver la fauna de ofrecidos muchachos y no tan muchachos que ofrecen su vigor por unos cuantos soles, hablábamos de la exposición, comentábamos lo detalloso que había sido Miguel con las pequeñas cosas que hacen que las veladas sean mas emocionantes, los camareros sacados de cuento de Ricardo Palma, la comida exóticamente peruana, la música en sincronía con las conversaciones, y sobre todo, la variedad de invitados, tan diferentes unos de otros, pero con ese vínculo de secreto, de misterio que caracteriza a los viejos gays de la vieja Lima.

Javier nos comentaba que había localizado en la exposición a Carlos, un chinito bastante destacado por su silenciosa armonía, según dijo Javier, era casi imperceptible entre el común de los mortales, pero una vez que capturaba tu mirada, imposible salir de sus ojos. Siempre me ha gustado como Javier logar hacer que sus amigos resulten lo mas interesante del mundo y que me den muchas ganas de conocerlos, y realmente, hasta hoy, no he tenido ninguna decepción con la gente que he conocido a través de Javier.

- ¿y quién es este Carlos? - dijo Juan – nunca hablaste de él

- Es un viejo conocido de finales de los noventas creo – dijo Javi

- ¿solo un conocido? – pregunté - detecto cierta vehemencia en tus palabras.

- Está bien, está bien, les contaré, pero necesito unas cervezas, ¿tienen tiempo verdad? Javier tomó rumbo a nuestro bar de siempre, donde nos sentaríamos a escuchar su historia, la historia de Carlos…

Mientras caminábamos al local donde con tanto cariño atienden a Javier, uno no podía dejar de ver a esos muchachos que con osadía te miran directamente a los ojos mientras sus manos juegan a recorrer sus cuerpos, haciendo destacar sus atributos sexuales, en busca de una oportunidad de ganarse unas monedas, unas cervezas y tal vez, una cena. Me llamó mucho la atención un moreno casi negro que me miró con ojos rebeldes, con un desafío pendiente en los ojos, esa mirada ya la había yo sentido antes, cuando la historia comenzaba a escribir sus primeras páginas de Sexo en Lima York.

Cuando entramos al local pude vislumbrar una mirada brillante en el fondo del local, siempre atento a la puerta, Héctor casi corrió a recibirnos, saludándonos de mano, nos ofreció una mesa mas bien cercana a la barra, donde podíamos charlar con tranquilidad y estar atendidos en muy corto tiempo ( y de donde Héctor podía mirar a Javier sin necesidad de disimular).

- Cuéntamelo todo y exagera – le dije

- Y llora para creerte – dijo Juan

- Está bien, está bien, la historia es como sigue…

“ A finales de los noventas, un grupo de chicos decidimos que nos reuniríamos una vez a la semana a intercambiar experiencias, o para recibir información de las nuevas formas de ser gay en Lima, o simplemente para salir en grupo si así lo decidíamos, éramos alrededor de veinte gays de todas partes de Lima, chicos de Miraflores, Lince, Chaclacayo, Comas, Jesus María, y el Callao. Las reuniones eran bastante divertidas, cada tema tratado era preparado con esmero por las personas asignadas, y como es natural en los gays, competíamos por hacer una cosa espectacular en comparación con la anterior. En una de esas reuniones, el anfitrión de turno, nos presentó a un nuevo integrante, un chico bajito y chinito que solo dijo “hola” se sentó en una esquina y solo hablaba cuando era inevitable hacerlo, supimos que su nombre era Carlos y que vivía en el Callao. La cosa está que como te decía al principio, Carlos tiene esa facultad de pasar desapercibido a voluntad, de hacerse notar solo cuando quiere hacerlo y se hizo notar, claro que si; yo hasta ese día no me había fijado en ninguno de los miembros del grupo como para parejas, pero cuando vi a Carlos, mi mente pensó que ese muchacho debía ser parte de mi vida.

Comencé a interesarme por ser organizador de las siguientes reuniones, con el único objetivo de ir con mayor frecuencia al departamento donde nos reuníamos, con la esperanza de coincidir con Carlos, hasta que una de esas noches por fin, mi deseo se vio cumplido, Carlos estaba ahí tomando un café con el dueño del departamento, fueron muy amables y me invitaron a tomar también a mi una taza de café. La charla amena fue la causa de no darnos cuenta que el reloj no perdona, y a las once de la noche reaccioné recordando que al día siguiente tenia que ir al trabajo, y Carlos también se puso de pié para despedirse, cuando salimos, la llovizna de Lima en julio hacia que las calles estén desiertas, Carlos me preguntó donde iba, y yo le indique que tendría que ir andando hasta el Paseo Colon, a unas 12 calles de donde estábamos.

- está bien – dijo – te acompaño.

- ¡no! – respondí – ¡tu vas para el otro lado!

- Da igual, puedo tomar un bus distinto – insistió

- Está bien, pero te debo una – le dije

Caminamos despacio, disfrutando del frío del invierno, charlando de cosas que nos hacían reír, de cosas serias que también nos hacían reír. Cuando llegamos al Paseo Colón, Carlos me dijo que quería un cigarro, y también que tenía hambre, así que le propuse dar una vuelta por el jirón de la Unión, por si encontrábamos algún restaurante abierto, para tomar algo, y ahí nos fuimos, riendo y chocando los cuerpos con intencionada casualidad de mi parte, hasta que llegamos a una sala de juego que abría por primera vez esa noche, la iluminación y la cara de los trabajadores de ese sitio era un drama, seguramente había mucha menos gente de la que habían invitado, y el gerente, al vernos pasar, nos invitó a entrar, para poder probar las máquinas, ambos jugamos un par de monedas y mientras eso pasaba, nos trajeron panecillos con pollo y varias bebidas, así que nos dimos el gusto de cenar algo y a la vez probar suerte, aunque ninguno de los dos ganó nada en esas maquinas.

Salimos del casino riendo y yo burlándome de la insistencia que Carlos tenía en que con una moneda mas hubiera ganado un gran premio, pero logré sacarlo del casino y poner rumbo a casa. De camino pasamos por un parque bastante poco iluminado, por donde ahora sale el Metropolitano, y mientras caminábamos y reíamos, un anciano un poco despistado se acercó para ofrecernos rosas, “rosas para los enamorados “ dijo, esto fue causa de unas risas mas intensas que las de antes, mientras esperábamos el autobús, nos sentamos en una banca a horcajadas frente a frente, y mientras conversábamos, nuestras cabezas se fueron acercando, y mientras reíamos, nuestras manos comenzaron a hablar un lenguaje propio, y mientras los pocos autos de la madrugada pasaban, nuestras rodillas se buscaron, ajustando su posición para poder acercarnos mas y mas hasta no poder resistir besarlo.

Fue un beso al principio dudoso, tímido, protegido de curiosos por la media luz que ese parque tenía, y luego se convirtió en un beso intenso, apasionado, masculino, cargado de deseo sexual contenido, Carlos me confesaba que había estado esperando y yo le dije que lo estaba buscando cada día en el departamento. La calma fue llegando con el odioso sonido del reloj de pulsera que anunciaba las dos de la mañana, volvimos a la realidad y nos despedimos hasta la noche siguiente, para la reunión previa a un fin de semana en el campo con todos los del grupo.

De regreso a casa, no pude dejar de sentir sus labios en los mios, el olor de su pelo, sus dedos recorriendo mi cuellos…

Fue una de las mejores experiencias que tuve en aquellos bonitos años”

Juan y yo estábamos absortos en su relato, y cuando Javier terminó y volvimos a la realidad, vimos que una mirada de melancolía apareció en los ojos del narrador, y muy cerca, casi a espaldas de Javier un enamorado Héctor cerraba los ojos queriendo ser protagonista de la historia…

lunes, 12 de diciembre de 2011

Sexo en Lima York (6)

Ricardo de la Piedra y Miguel Ángel…

Nos quedamos helados mirando como Fernando se alejaba del grupo y salía por la puerta, la verdad no esperaba una reaccion así de alguien que siempre había demostrado un control inquebrantable de sus emociones, pero bueno, cada quien tiene su talón de Aquiles, y parece ser que nuestro Fernando tiene un corazoncito sensible o un orgullo mas grande que Lima York.

Mientras nos recuperábamos de la sorprendente historia de amores y cuernos, vimos que se acercaban por la derecha los anfitriones, Ricardo de la Piedra, el pintor y su representante Miguel (Ángel es su apellido). Que regios iban los dos, vestidos a juego, Ricardo con un pantalón azul marino, suelto, y una camiseta blanca, de cuello redondo y un blazer blanco también que hacia verlo como un gordito coquetón, mientras que Miguel llevaba unos pantalones blancos y blazer azul marino, era realmente sorprendente cómo había crecido Miguel, las tardes de gimnasio habían dado sus frutos, aunque también el tiempo había ya dejado su huella…

- Bienvenidos, gracias por aceptar la invitación; un placer volver a verte – dijo Miguel mientras me daba un fuerte abrazo y un apretón de manos a Juan y Javier.

Javier y Juan se quedaron sorprendidos por el abrazo, claro, ellos pensaban y sabían que yo era mas amigo de Ricardo que de Miguel, pero como todo en esta historia, hay una historia por contar…

A mediados de los noventa, cuando aún era un adolescente, conocí por cosas del destino a un muchacho a quien no vamos a poner nombre, una tarde que viajaba a Lima en transporte público, esas queridas combis, donde al cabo de veinticinco minutos de viaje irremediablemente te quedabas dormido. Efectivamente, me quedé dormido y cuando desperté, tenía la pierna derecha apoyada en la pierna de un morenito de sonrisa tierna y mirada traviesa; avergonzado, retiré mi pierna de su pierna y me disculpé, - no tiene importancia – dijo él, con una mirada coqueta, se presentó y me dio su nombre (ya dijimos que no diríamos el nombre). Desde ese día, y para ser la primera vez que ligo en una combi, el chico de la combi me llamaba por teléfono cada día, y así muchísimo tiempo después (dos semanas) en el malecón de Magdalena del Mar, con una flor semi marchita y los primeros calores del verano, me preguntó si quería ser su pareja, a lo que yo, tonto adolescente, le dije si.

Otro día te cuento como pasó, qué pasó y cómo dejo de pasar.

Algún tiempo después, cuando yo ya vivía en España, regresé a Lima a pasar unos días, y este ya ex mio, se dispuso a hacerme de guía de mi propia ciudad, una noche, que habíamos quedado para tomar unas cervezas, se presentó con Ricardo de la Piedra, un bajito de sonrisa pícara y un gran parecido con un presentador de la tele, fue un chispazo de esos que me dicen que iba a tener que pasar algo con este muchacho y pasó, claro que pasó, salimos a tomar unas cervezas y a las pocas horas ya estábamos cambiando teléfonos (en esa época solo podían ser los teléfonos fijos, los móviles aun eran prohibitivos) así que a los pocos días me animé a llamar a Ricardo para tomar un café, y aceptó, claro que aceptó.

Después del café siguió el paseo, y en el paseo el coqueteo, y sin querer mis pasos lo habían llevado a un viejo hostal, y no fue difícil terminar jugando juntos a ser amantes, aun recuerdo ese ímpetu dominante, bajito él, tratando de controlar la situación conmigo, veinte kilos mas grande, fue exquisitamente divertido jugar esa noche, pero claro que no hubieron mas noches, ambos nos dimos cuenta que sólo podríamos ser amigos, como hasta hoy. Esas vacaciones pasaron como escasos minutos, volvimos a vernos dos o tres veces pero sólo pudimos ser amigos, buenos amigos, hasta fuimos de paseo por las zonas alejadas al sur de Lima, y creo sin temor a equivocarme que existe alguna foto por ahí.

Juramos mantener el contacto vía Internet, y hasta creamos cuentas conjuntas en latinmail, pero no fue hasta dos años después que volvimos a vernos, en otro viaje mío, en esta ocasión quedamos en vernos directamente en esa encantadora discoteca de treintañeros, aunque nosotros aun no lo éramos, que queda cerca de la avenida Aviación, en aquella época llamada Perseo, bueno llegué al Perseo a las 12 mas o menos y no fue difícil encontrar a Ricardito cerca de las escaleras muy atento a quienes bajaban las escaleras para reconocerme y alzar las manos en ademán de saludo, bajé pronto por que realmente tenia muchas ganas de darle un abrazo a mi amigo, al acercarme pude a ver al muchacho que estaba a su lado, un osito con cara timidona que me miraba con una sonrisa interesante,

- te presento a Miguel – dijo Ricardo – Miguel, éste es el amigo de quien te hablé, que acaba de llegar de Madrid.

- Encantado – dijo Miguel – en España son dos besos verdad? Y me plantó dos besos sonoros en los cachetes.

La noche pasaba divertida y realmente me sentí muy acogido por Ricardo y Miguel, bailando las canciones de moda de ese momento que ahora no logro recordar por mas que me esfuerzo. Bailamos casi toda la noche y bebimos creo que un poco mas de lo debido, cuando de pronto una canción de moda, salsa creo, sonó de fondo en el salón y Miguel me invitó a bailar, enlazados por la cintura trataba yo de seguir los pasos del muchacho, que parecía tener dos pies izquierdos, mientras tanto él no se daba por enterado que yo quería deshacer el abrazo para bailar mas cómodamente y aun así, se acercaba mas a mi, hasta que sentí su aliento cerca a mis orejas, y cuando menos lo esperaba, estaba ahí, intentado besarme a pesar que Ricardo se encontraba a escasos metros de la pista de baile, entretenido por un grupo que se acercó a saludarle. Automáticamente me separé del abrazo y le dije que mejor dejáramos el baile, Miguel se disculpó y regresamos al grupo, donde estuve solo unos pocos minutos y decidí que era mejor abandonar la situación por lo sano.

Ese verano marche a Madrid por mas tiempo del habitual y aun así mantuve el contacto con Ricardo, hasta que, hace dos años ya, decidí reinstalarme en Lima, y redecorar mi vida con ayuda de Ricardo, quien tuvo la gentileza de presentarme a Juan y Javier, un fin de semana de noviembre, hace dos años cuando yo volví de Madrid.

- Estupenda fiesta- le dije a Ricardo – veo que por fin aprendiste a pintar.

- Veo que no pierdes el tino para meterte conmigo- dijo él.

- Juan, Javier, ustedes ya conocen a Miguel verdad? – preguntó Ricardo – es el responsable de todo esto, yo le dije que quería algo mas humilde, pero él insistió tanto que no pude evitar que traiga a los medios de prensa.

- No te precupes bonita – dijo Juan – a mas de uno de los periodistas que están ahí los conozco muy bien

Todos estallamos en risas.

- Dime Miguel, por fin conseguiste tus propósitos con este muchacho? – preguntó Javier - ya deberían formalizar una relación no?

- Ricardo no quiere aceptarme – dijo Miguel – ya no sé que mas hacer.

- Llévalo a hacer parapente – sugirió Juan – en Miraflores hay varias agencias que hacen esas cosas.

- La semana pasada me regaló una losa en la calle Capón, con nuestros nombres – dijo Ricardo.

- Y ni aun así logro que me de el si – se quejó Miguel.

Nuevas risas, y ellos, disculpándose con el grupo siguieron saludando a los demás invitados.

viernes, 30 de septiembre de 2011

sexo en Lima York (5)

La exposición de Ricardo de la Piedra

Terminando las copas que habíamos pedido en el bar de Héctor, pusimos rumbo a la sala de exposiciones, que en realidad era el patio principal de un palacete colonial en el centro de Lima, una verdadera joya de la arquitectura virreinal, un jardín central, rodeado de columnas enormes de madera oscura, al centro una pileta con la figura de un coqueto ángel niño, exquisitamente iluminado, el ambiente estaba lleno del olor de los jazmines, y las rosas que cultivaban ahí eran las mas grandes que había visto en Lima, el jardín estaba rodeado de un pasillo con suelos de cerámica rústica y paredes con azulejos andaluces, era realmente de ensueño.

Al ingresar al patio, unos jóvenes muy atentos, vestidos de camisetas ceñidas y negras y pantalones del mismo color, nos dieron la bienvenida con un vaso de pisco sour, una de las mejores bebidas que se han inventado en el Perú. Claro que el que primero probó el pisco fue nuestro Juan, y con un gesto de resignación nos indicó que era una buena preparación. Mientras tanto yo conversaba con Fernando sobre la trayectoria de Ricardo de la Piedra en lo referente a sus pinturas, y Javier examinaba con fruición a los otros visitantes de la exposición, la mayoria de ellos bastante jóvenes, seguramente de las escuelas de arte de Lima, de todos los tamaños, de todos los colores.

- recuerdo que cuando comenzó su trabajo, Ricardo hacia algunos dibujos para un períodico – le decía yo a Fernando

- Pero ¿dónde estudió? - Preguntaba él – por lo menos tendrá un titulo

- Ay! Para lo que te importa a ti estas exposiciones, te pones exigente con la titulación, lo importante es que hace buen trabajo, dale una oportunidad.

Javier intervino en ese instante.

- He visto a Daniel, un viejo amigo de la Cueva, seguro que ha venido con su abuelito, ese viejito está forrado en dólares y Daniel sabe como gastarlos, jejeje

- ¿Pero Daniel no solo busca abuelitos verdad? – preguntó Fernando.

- Claro, tú tuviste tu encuentro con él, fue el amor de tu vida esa semana – dije

- ¡¿que cosa?! – preguntó sorprendido Javier

- ¿No lo sabias? Fernando y Daniel tuvieron un affaire hace unos años, cuando terminaban la universidad – dije

- Espera que mejor le cuente yo mismo - dijo Fernando.

Daniel y yo solíamos vernos todos los días en el campus de la universidad, pero solo teniamos tiempo libre los miércoles y fines de semana para estar juntos, con los amigos o juntos en la intimidad, así que cada miércoles, nos buscábamos para salir a cenar y pasar un rato juntos en un hotelito de la avenida Arequipa, ya éramos conocidos de la recepcionista que nos dejaba estar unas horas por la mitad de lo que cobraban habitualmente, ahí aprovechábamos para querernos, a veces despacio con cariño, otras veces Daniel gustaba de un ritmo mas fuerte, con nalgadas y algunas palabras gordas, llamarlo por ejemplo putita o zorrita mientras con las manos le apretaba los hombros y golpeaba sus caderas, era de esas relaciones que prometían, ya teníamos amigos en común entre ellos Juan y David (se refería a nosotros).

Uno de los últimos miércoles del ciclo estaba yo esperando que suene la hora de salida de la facultad, cuando se me acerca Gretta, una amiga nuestra que estaba en la clase de Daniel, y me pasa un papelito con un mensaje que decia “hola niño, sé que habíamos quedado hoy, pero estoy realmente cansado y tengo dolor de cabeza, te importa que lo dejemos para el fin de semana? Besos Daniel.

Me pareció lo mas normal del mundo – dijo Fernando - por que Daniel llevaba un ritmo de vida demasiado agitado, que un día el cuerpo le pida chepa pues, así que en ese momento llame a su casa y deje un mensaje en la contestadota (en esa época no teníamos celulares) diciéndole que no se preocupe y que esperaba que este descansado para el fin de semana. Aprovechando que estaba en la cabina de teléfono, metí un rin y marque el número de Juan, que vivia muy cerca de la universidad y le dije que si me acompañaba a Wong, a comprar salsa de tamarindo para mis wantanes, y accedió.

Nos encontramos en la puerta del Wong de la avenida Canadá a eso de las siete de la tarde, a pesar de ser casi octubre, hacía mucho frío en Lima, Juanito llegó temprano, como siempre, y entramos a buscar la salsa de tamarindo y de paso a mirar a los reponedores de lineales que estaban alguno muy interesantes, cuando de pronto me dice Juan con cara curiosa :

- ¿ese no es Daniel?

- Imposible – dije – Dany está descansando.

- Se parece mucho

Me asomé al pasillo y pude ver como Daniel estaba empujando un carro de compras, y a su lado había un muchachito, bajito, con los pelos como agujas y de aspecto bastante desaliñado, iban empujando el carro ambos y rozándose las manos sin ningún disimulo. En ese momento se me cayó el mundo y estuve a punto de lanzarme como un toro contra el cabrón, pero Juan me contuvo, me dijo que no era el mejor lugar para arreglar las cosas, que ya habría otro momento, decidimos dejar la salsa de tamarindo para otro día y nos fuimos a tomar una cerveza al Casanova, el club en el que nos conocimos tu y yo - me dijo mirándome fijamente – esa noche me emborrache seriamente y al día siguiente no tenia cuerpo para ir a la universidad. Por fin el viernes me aparecí en el campus, y fui a la cafetería a por mi dosis de cafeína, y vaya sorpresa, ahí estaba Daniel, feliz, fresco, me miró con ojitos coquetos y me dijo que que tal estaba, que por qué no había ido el día anterior a estudiar.

- Estaba cansado – le dije - preferí quedarme en mi cama.

- Mañana sábado nos veremos ¿no? – preguntó Daniel.

- No creo que nos veamos mas

- ¿Y eso? ¿Por que?

- No quiero que estés cansado entre semana – dije – además, el miércoles te vimos en el Wong de Canadá, estaba yo con Juan y te vimos muy bien acompañado.

A Daniel se le estampó una sonrisa tonta en la cara y no supo que decir, yo simplemente termine mi café, di la vuelta y me alejé de él. Hasta hoy no había vuelto a verlo y la verdad está tal y como lo recuerdo de la universidad.

Fernando terminó de un trago su copa de Absolut – Ginger y se marchó de la exposición sin despedirse de nadie, y claro, sin saludar a Daniel, que de pronto se había puesto rojo como un tomate…

lunes, 22 de agosto de 2011

Sexo en Lima York (4)

Virginio del Campo….

Después de la exposición de la galería de arte subjetivista, que merece una historia aparte, llegó el dia de la visita de Virgino del Campo a Lima, es verdad que habian pasado caso 4 años de habernos visto por ultima vez, Mirian, su madre me había pedido que lo vayamos a buscar al aeropuerto a las seis de la tarde de ese dia de febrero, la espera no fue muy dura, generalmente no resisto esperar por mas de diez o quince minutos, pero la compañía de Mirian era balsámica, así que los 50 minutos fueron mas compañía que espera. Por fin a las siete apareció por la puerta de la izquierda, con unos vaqueros desteñidos y una camiseta oscura, gafas de su empresa y empujando un carro de maletas enorme.

Como un niño, Virginio se lanzó a los brazos de su madre y pude ver como se le escapaban un par de lagrimas de felicidad, yo preferí quedarme en un discreto segundo plano para no interferir en un abrazo tan familiar; al instante, y disimulando esa lagrimilla preciosa, Virginio reparó en mi, y me abrazó con tanta fuerza que sentí como sus pectorales estaban duros como rocas, y sentí una calidez que no había sentido hacia mucho tiempo.

- ­¡estás negro! – dije

- Y tu gordo- respondió con una sonrisa de kolinos.

- Vamos chicos, he preparado esos helados caseros que tanto les gustaba a los dos cuando eran unos chibolitos – cortó Mirian por lo sano.

Subimos a mi viejo Subaru, y puse rumbo al Callao, que es donde Virginio y su madre vivían cuando nos conocimos, ahora solo la mujer vive ahí. No fue difícil recordar el camino a pesar que no había hecho ese trayecto hacia mas de diez años, y jamas en auto, siempre fui en autobús. En el camino ellos, madre e hijo se dedicaron a ponerse al día en algunos detalles del vuelo, de que como ha cambiado la ciudad, que que joven se veía Mirian, que hacia mucho calor esa tarde, en fin, una variedad de temas que me hicieron suponer que deseaban llegar a casa y charlar de sus cosas, madre e hijo, sin mas orejas que las propias.

De pronto recordé de varios asuntos que tenía que resolver y me disculpe con ellos por no compartir el helado, pero debía salir rápidamente o perdería una oportunidad, la verdad es que no sé que excusa inventé pero salí del Callao sin dar muchas mas explicaciones.

Esa noche, al llegar a mi casita de retiro en el extrarradio, mientras me quitaba la ropa y me servía una copa de vino blanco, pensaba en la emoción que sentí cuando abracé a Virginio, sentir su cuerpo en ese instante, doce años después de habernos dejado, fue como abrazar a alguien totalmente distinto, pero a la vez muy cercano, a pesar del ese exquisito aroma a Chanel que tenía puesto, pude sentir ese olor a lejano, ese olor a mi adolescencia, a mis primeras experiencias, a mi primer amor…

Mientras tanto, la copa de vino estaba siendo mi mejor compañía esa noche, no recuerdo bien donde ni como comencé a aficionarme por el vino, además blanco, además muy frío; la verdad que entre el vino y mis recuerdos estaba entrando en un delicioso dolor por las viejas amistades que se perdieron por culpa de la vida, por el destino o por la falta de valor de reconocer quienes son las personas que te llenan o que te pueden hacer feliz, pensaba en lo tonto que es alejarte de alguien por no tener el arrojo de levantar el teléfono y decir “hola, llamaba para saber de ti” cuando de pronto suena el teléfono y una voz al otro lado me dice

- hola, llamaba para saber de ti.

Era Virginio, me quede de piedra, no sabia si la telepatía había funcionado o si era una simple casualidad, estaba ahí, al otro lado de mi celular, esperando que yo diga algo

- Hola – dije – ¿que tal todo?

¿Qué tal todo? ¿Era todo lo que se me ocurría decirle? Definitivamente el vino había hecho muy bien su trabajo.

- bien,bien, me pasé toda la tarde hablando con mi mamá de mil cosas hasta que la pobre cayó profundamente dormida.

- Ella estaba muy emocionada, llevábamos días de días preparando tu recibimiento, fue ella quien me aviso que venias.

- Aproveché que se quedó dormida para llamarte, tenía muchas ganas de hablar contigo, pero no por teléfono, quiero verte, te parece si tomamos un café mañana por la tarde en la Niña.

- La Niña ya no existe hermoso mío, ahora es una tienda de discos.

- Que lástima, realmente pasamos buenos momentos en esa cafetería.

- Claro, por que no teníamos dinero para una mejor ¿no? Jajaja

- O gastábamos el poco dinero en ese hostal pulgoso, el de las camas de cemento.

- Jajajajajajaja.

- Quiero verte.

- Yo también.

- ¿Mañana?

- A las ocho

- ¿Donde siempre?

- Donde siempre.

- Hasta mañana.

- Hasta mañana.

No sé si fue el vino, o si simplemente estaba esperando esa conversación con tantas ganas que una lagrimilla resbaló traicionando mi fortaleza, yo creía que las heridas estaban cerradas, y posiblemente sea cierto, pero las cicatrices en el invierno duelen.

Al día siguiente estaba listo a las siete treinta para ir a mi cita, fiel a mi costumbre me puse una camiseta negra algo ajustada, y unos pantalones de dril, ropa cómoda y fresca para poder caminar largamente, por que solo podríamos ponernos al día caminando, como antes, en largos paseos por la avenida Arequipa, o por algún paseo marítimo, como antes.

Llegué a las ocho menos tres minutos a la esquina del cine Orrantia, que ya no es un cine, sino algo diferente, algún culto religioso, y ahí estaba ya él, habíamos coincidido en la combinación de las prendas, y en ese momento, me di cuenta de lo mucho que lo había echado de menos. Puse las luces de emergencia y me detuve frente a él abri la puerta y le pedí que suba. Nos dimos un apretón de manos (recuerden que estamos en Lima) y salimos rumbo a Miraflores, donde seguramente caminaríamos un montón, y él me contaría su vida, y yo le contaría mi vida, y él diría te extraño y yo diría también.

- ¿cómo has estado? –preguntó.

- Muy bien, redecorando mi vida en Lima, por segunda vez, es una nueva aventura

- ¿ Porqué dejaste Madrid?

- Supongo que había quemado una etapa de mi vida, así que decidí volver a Lima, es una ciudad que esta creciendo y tiene posibilidades de desarrollo

- Ahora dime de verdad por que has vuelto a Lima

Era increíble que me conozca así de bien, él sabía que había un motivo mas para haber tomado esa decisión, y yo no podía ocultársela.

- regresé para olvidar – le dije

- una mala experiencia – dijo

- ya está olvidada. ¿tu a que has venido? No es turismo lo que te trae acá, ni visitar a tu mamá, ella va y viene de Miami a cada rato.

- Me voy a vivir con mi novio, por eso vine, para verte y saber que puedo irme a vivir con él sin tu sombra.

- ¿Y ya lo sabes?

- Me iré a vivir con él.

- Debo irme, se me hace tarde

- Entiendo

- Te deseo suerte

- Yo a ti también

Las cicatrices en invierno duelen y en verano también.

domingo, 21 de agosto de 2011

Sexo en Lima York (3)

Javier por su parte, estaba charlando animadamente con Héctor, que se acercó al ver que llegaba Fernando, para saludarlo y tomarle la nota, a la vez que aprovechaba para rellenar nuestras copas. No sé si fue idea mía, pero noté un intenso brillo en los ojos de Héctor mientras miraba a Javier. Fernando se pidió un Absolut con ginger ale y fiel a su estilo procuró no ser muy obvio en el banquete de ojos que se dio mientras se alejaba Hector y su trasero.

De los cuatro del grupo, Fernando es el que mas cuida su imagen al mundo, procura pasar desapercibido con su opción sexual, así que muchas veces tiene actitudes exageradas cuando nos encontramos en alguna terraza de la calle, y actúa como el típico machito limeño, y hasta se enfada con nosotros si nota algún gesto comprometedor.

- ¿y quién dices que es ese Ricardo de la Piedra? Espero que por lo menos tenga un título en arte, no estoy para ver aficionados que juegan a pintores – bostezaba Fernando

- Ignorante, es increíble que hayas estudiado Arte en la PUC, de la Piedra es uno de los mas notables subjetivistas de América – dijo Javier – al menos es lo que jura su corredor de arte, Miguel.

- Yo he oído que Miguel está perdidamente enamorado de ese Ricardo, y que le ha montado esta exposición para terminar de conquistar su corazón veleta de artista – cruel comentario de Juan mientras miraba a un chiquillo de veinte años que se ponía rojo –

- Yo sin embargo oí que recién comienza este chiquito Ricardo, quiere comenzar en el Perú para tener comentarios buenos en Chile y Argentina, y Miguel tiene buenos contactos en esos países, además de los super polvos que deben echar ellos dos jajaja – a veces mis críticas suelen ser absolutamente malvadas.

Se inició un gran debate de cómo debe ser el arte subjetivista y a la vez mantener una relación con un artista, que cómo se debe vestir para una exposición, que por qué hay que saber el nombre de nuestros rollos nocturnos y de cuales son los mejores cócteles para una exposición.

- En una exposición de éstas deberían poner barra libre y cuartos oscuros – reía Juan.

- Que bestia eres querido, eso haría que no tengas presa que llevarte a casa al final jejeje – dije

- Yo pienso que un buen vino, un tinto semi seco, a ser mejor español, un Rioja – nos sorprendió con el pedido nuestro querido Javier.

- Y nada de sanguchitos de pollo que se te queda el pollo entre los dientes y los dedos grasosos – dijo Fernando – y por favor, nunca, pero nunca, ir con pantalón de buzo!

Era divertido ver como cada uno ponía su cuota de elegancia y sofisticación para el evento, donde cada uno esperaba, claro está, llevarse una obra de arte, pero de carne y hueso. Mientras tanto, yo seguía imparable con el celular, mis dedos eran máquinas de escribir mensajes, y en un momento me perdí de la conversación hasta que una palmada en el hombro, de Fernando, me trajo al mundo nuevamente.

- ¿Qué pasa por esa cabecita y con ese teléfono? – preguntó Fer con voz coquetona.

- Llevas todo el rato con esos mensajitos, casi no has hablado querido – Javier.

- Dejen en paz al muchacho, debe estar en devaneos amorosos con algún imposible – siempre Juan tan venenoso.

- Jamás imaginarán quien me habla tanto, es Mirian, mi ex suegra, la madre de mi ex, el que vive en Miami.

- ¿Virginio? ¿Virginio del Campo? ¿El que es Relaciones Publicas de Gucci en Miami? – Fernando no salía de su asombro.

- Si hijo si – afirmé – dice Mirian que llegará a Lima dentro de cinco días, después de mas 10 años, y hace 3 que no nos vemos, desde la última vez que estuve en Miami.

Mientras ellos comenzaron a destrozar a los que retornan al país después de muchos años (sé que hacían eso, por que me lo hicieron a mi cuando volví de Europa), yo comencé a recordar mi historia con Virginio, Virginio del Campo, por que él jamás permitía ser presentado o presentarse sólo como Virginio, el tenía que ser siempre “Virginio del Campo”. Cuando toda nuestra historia comenzó éramos un par de adolescentes desatados en una Lima medio intolerante y con ganas de ser felices, teníamos la energía suficiente para tragarnos el mundo, pero fue el mundo el que nos comió a nosotros dos, a mi me llevó a España, y a él Miami lo atrajo como la luz a las mariposas, los pocos meses que duró la relación quedaron plasmados en relatos, fotos y viejos cajones llenos de momentos bonitos.

Años después supe por el amigo de un amigo que tiene un primo que es amigo de Virginio, su correo electrónico y así volvimos a tener contacto. Él se había convertido en el RRPP de Gucci, gracias a su talento y carisma, y sobre todo a ese cuerpazo latino, moreno que Dios le dio, y yo, bueno, había encontrado mi camino en el mundo del periodismo internacional escribiendo para las paginas gays mas visitadas en Europa y America, lo que me permite estar en contacto directo con lo mas sofisticado y glamoroso del ambiente.

Volviendo a Virginio; su cambio había sido impresionante, cuando dejamos de vernos era un timido adolescente enamorado, con ilusiones y con muchos ánimos de comerse el mundo, pero encerrado en la burbuja de Lima, hasta el año que yo me fui de Lima y él se subió en un barco, en su velero llamado Libertad y al desembarcar en estados Unidos, decidió perderse por las calles de Miami, comenzó una nueva vida y en pocos años terminó donde está ahora, rodeado de jóvenes modelos con ganas de salir del monton y de salir del armario también, y mi querido Virginio siempre estaba dispuesto a ayudarlos en ambos casos.

Volvimos a encontrarnos hace tres años, obviamente ya no era el tímido adolescente limeño, había cambiado, lentes de diseño de Gucci, ropa de Armani y zapatos de Louis Vuitton, pero esa era la cáscara, cuerpo de gimnasio, esbelto, con los brazos marcados por los músculos sin ser exagerados, la cintura moldeada a cincel, unas caderas fuertes y marcadas, el culito respingón de su raza y unas piernas como dos troncos; cada movimiento suyo era como estudiado al milímetro, sonrisa de anuncio de televisión y olor a Chanel, todo un placer para los ojos, y mas placer para el placer…

- pero ¿va a venir o que? – pregunto Fernando de mala gana, Virginio nunca le cayó bien a pesar no haberse visto nunca.

- Eso dice su madre, aunque no entiendo que afán tiene de avisarme a mi ¿no?

- Lo hace por que la mujer siempre te quiso, eres el único yerno que aceptará – dijo Juan, en el preciso momento que le sonaba el celular con un sms.

- Lo hace por que quiere que le hagas de chofer al Virginio ese – Javier nunca se callaba sus pensamientos – además tu eres el único que conocemos que se gana la vida con salir a pasear por los sitios de ambiente.

- Pero no lo haré, si quiere un chofer que busque a uno de sus amigotes de La Punta – yo comenzaba a fastidiarme.

- Dice Miguel que ya esta la sala casi llena, van a comenzar a servir el vino, camareros calatos, sólo con delantal de tul – Juan levantó la mano para pedirle a Héctor la cuenta.

Mientras tanto, seguíamos hablando sobre Virginio, y de lo que haríamos cuando llegue de Miami, pero cada vez estaba yo mas convencido que era una excusa para volver a vernos y que su madre era cómplice de este plan.

Por fin, Héctor trajo la cuenta, los dos piscos de Juan, el mojito que pedí yo y el absolut de Fernando, en total 48 soles, ya estábamos sacando las billeteras cuando Javier le pregunta a Héctor por qué no le cobra los batidos de fruta.

- son órdenes del jefe – dijo con una gran sonrisa – hoy eres invitado.

- ¿y dónde está tu jefe? A los demás no nos ha invitado, eso no se hace con clientes fieles como nosotros – Fernando sonreía.

- Es que Javi tiene pase de cortesía, el jefe está muy contento con verlo hoy.

- Dale las gracias a tu jefe, hoy tenemos algo de prisa, pero la próxima vez no aceptaré una invitación sin agradecerlo personalmente – dijo Javier con su sonrisa coquetona, la que usa para conquistar a sus “amigos”.

Cancelamos lo consumido y nos dirigimos a la calle, cerca de la puerta, nos despedimos de una chica que atendía en la barra, me acerqué para darle dos besos y de paso, le pregunté quién era su jefe, ella respondió “él”, señalando a Héctor.

Sorprendido aún por mi descubrimiento salí del bar, pensando que sería mejor no decirle nada a Javier, Héctor me parecía un buen chico, y sobre todo, dueño de un bar exitoso en la creciente Lima.